19 - 21 FEBRERO 2018
Feria Madrid

Una fotografía a mordiscos

Una fotografía a mordiscos

Todos tenemos nuestro propio estilo fotográfico, sin embargo, en lo que se refiere a gastronomía, el dicho popular “una imagen vale más que mil palabras” cobra especial sentido. Lejos de fomentar las imágenes de los platos combinados de bar de carretera, la fotografía gastronómica se rige por un principio absoluto y fundamental: el plato debe parecer delicioso.

¡No nos engañemos! Como disciplina, la fotografía gastronómica es todo un arte. Toda una especialización profesional. Por norma general, los aspirantes a fotógrafo suelen preferir crear imágenes a partir de personas y no de comida. Sin embargo, dado el gran apogeo que tienen los usuarios en las redes sociales en relación a publicar post experienciales en los restaurantes, cada vez son más los que se “tiran a la piscina” en esta modalidad. Una labor para la que solo hace falta un terminal móvil con buena cámara.

Mejor liebre que tortuga

Tener en cuenta que algunas partes del plato pueden estropearse según pasa el tiempo es uno de los aspectos a tener más en cuenta. Espumas que desaparecen, helados que se derriten, frutas abiertas que se oxidan, etc… todo puede pasar desde que nos presentan el plato hasta que le hacemos la fotografía. Unos segundos trascendentales.

Además de esto, debemos tener en cuenta que unos alimentos quedan mejor que otros, simplemente por su color o porque texturizan mejor en la imagen. Por ejemplo, las huevas de tobiko es un ingrediente de extraordinaria belleza con un buen enfoque y una luz adecuada; mientras que el vino no es nada fotogénico ya que da lo mismo que cada copa cueste 100€ que 2€, ambos se ven igual.

La luz como elemento imprescindible

Como en la fotografía paisajística, marina, o cualquier otra… la luz es el aspecto más importante. De hecho, etimológicamente “fotografía” significa “dibujar con luz”. Imaginémonos que la acción de fotografíar un plato es similar a crearlo: cuanto mejores sean los ingredientes, mejor será el resultado. En cuestión de imagen, pasa exactamente lo mismo si vemos la luz como un ingrediente más.

La iluminación en la fotografía gastronómica no es física experimental ni teórica, aunque sí tiene un punto de dificultad para fotógrafos noveles. Nuestros ojos están acostumbrados a ver luz, aunque no siempre tenemos en cuenta las sombras, la dirección, la intensidad ni la gama cromática. No es lo mismo iluminar un plato con la fría luz de medio día, a iluminarla con la luz cálida propia del atardecer.

A pesar de esto, y en términos generales referentes a gastronomía: prima la luz cálida a la fría y la luz natural a la artificial, … así hacemos que el plato cobre todo el protagonismo. No obstante, aquí también entra en juego la firma personal del fotógrafo.

El tamaño importa… a la baja

Los excesos no son buenos. Un plato a rebosar de comida, más que ganas de hincarle el diente te procuce sensación de agobio. En fotografía gastronómica, las pequeñas cantidades y captación de detalle ganan puntos.

La función de todo fotógrafo gastronómico, amateur o profesional, es que los alimentos se vean apetitosos y tengan un aspecto fresco y sano. A partir de aquí, la capacidad imaginativa de cada uno puede variar o no el trabajo de imagen.

Por ejemplo, existe la posibilidad de utilizar un estilismo culinario. Aquí no vamos a entrar en definiciones porque nos podemos volver locos, hay opiniones para todos los gustos: unas, ceñidas a elementos estrafalarios; otras, indican cualquier toque personal que le aportemos a la fotografía. Pero, si hay que destacar dos puntos interesantes en cuanto a este tema, diremos que lo más importante es añadir volumen de tal forma que los alimentos queden visibles y no en el fondo del recipiente… y seguir tu instinto.

Encuadra, enfoca y dispara

Un consejo para esta parte, que a muchos fotógrafos noveles les resulta tediosa, es que la fotografía gastronómica tiende a salir mejor si enfocamos la parte del plato más cercana a la cámara. Aunque buenas opciones también son las de jugar con la profundidad de campo y encuadrar desde un punto a nivel del plato.

Esto no nos debe parecer contradictorio si vemos una fotografía en picado y nos parece extraordinaria. Normalmente, este tipo de imágenes, son fruto de la técnica, la experiencia y un estudio fotográfico.

Un recipiente como lienzo 

Finalmente, otro de los aspectos más a tener en cuenta es dónde está presentado el alimento. No porque la vajilla sea de más nivel significa que la fotografía va a quedar mejor ni ser más auténtica. Debemos tener claro, en todo momento, que la protagonista real de la imagen es la comida y no el plato. Utilizar un soporte demasiado llamativo o con muchos detalles, implicaría que la atención del espectador termine dividida… algo que no conviene, a no ser que nos dediquemos a la industria del menaje.

Mal que pese a muchos, hay alimentos que quedan mejor sobre un simple papel de estraza que sobre un plato, sobre todo si pensamos en hamburguesas, sandwiches, etc… A este nivel, funciona de forma similar la madera como fondo de la imagen, que puede añadir un contexto artesanal, auténtico y genuino.